Hoy toca una jornada de carretera. Nuestro objetivo es atravesar Austria para ir acercándonos a Suiza, donde esperamos pasar un par de días disfrutando de temperaturas más agradables y, por fin, de paisajes plenamente alpinos.
Nos despertamos a orillas del Danubio con un sonido que siempre consigue alegrarme el día: un rebaño de ovejas pasa junto al río haciendo sonar sus cencerros. Es una forma estupenda de empezar la mañana.
Antes de marcharnos damos un último paseo por la orilla, disfrutando de la tranquilidad del lugar, y después ponemos rumbo a Austria.
Las muchas horas de conducción se hacen bastante llevaderas porque nos vamos turnando al volante. Mientras Gemma conduce, yo aprovecho para avanzar con el blog; cuando me toca conducir a mí, ella estudia para el título de náutica. Además, quien lleva el volante va entretenido escuchando los podcasts del programa de Julia Otero, así que, entre unas cosas y otras, el viaje resulta mucho más ameno de lo que cabría esperar.
Como no tenemos decidido dónde pasaremos la noche, dejamos que el mapa nos vaya guiando. Gemma descubre una zona de lagos al sur de Salzburgo y decidimos desviarnos para explorarla.
Elegimos el Hintersee, el más pequeño y apartado de la zona. Rodeado de bosque y montañas, el lago tiene un ambiente tranquilo y muy poco turístico, al menos comparado con otros lugares más conocidos de los Alpes austríacos. Nos instalamos junto al arroyo que alimenta el lago y preparamos la comida a la sombra de los árboles. Después de tantos días de calor sofocante, la ligera brisa que corre por el valle se agradece muchísimo.
Tras comer recorremos el sendero que rodea el lago. Es un paseo sencillo, prácticamente llano y de unos tres kilómetros, que permite disfrutar continuamente de las vistas del agua y de los bosques que la rodean. Aunque aquí las temperaturas son bastante más suaves, sigue haciendo calor, así que no tardamos en decidirnos: toca baño.
Y qué buena decisión. El agua está mucho menos fría de lo que imaginábamos para un lago de montaña y resulta una auténtica delicia. Después del chapuzón parece que recuperamos toda la energía que nos había robado el calor de los últimos días.
Para dormir buscamos algún sitio cercano y encontramos una curiosa opción en Faistenau. Un restaurante permite pernoctar a un máximo de tres campers en su aparcamiento por 10 euros, con acceso a los baños del establecimiento. Nos acercamos sin saber si habrá sitio y tenemos suerte: llegamos las segundas. Poco después aparecen varias furgonetas más, pero una vez completadas las tres plazas disponibles, el resto tiene que continuar buscando otro lugar.
El sitio resulta muy tranquilo y el dueño del restaurante nos recibe con mucha amabilidad. Después de una larga jornada de carretera, no necesitamos nada más para terminar el día con buen sabor de boca...
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