Ayer, la dueña del camping nos explicó las distintas rutas que podíamos hacer por el valle de Ötztal. La más conocida es la que asciende junto a la cascada Stuibenfall, la más alta del Tirol, y que también puede recorrerse mediante una vía ferrata. Sin embargo, el itinerario incluye más de 700 escalones metálicos y un puente colgante, demasiado para la pobre Hiru. Así que optamos por una alternativa mucho más tranquila: la ruta larga desde Niederthai, que asciende hasta la parte alta de la cascada por un sendero de montaña de 4 km y 456 metros de desnivel.
Nada más comenzar la ruta nos encontramos con este maravilloso columpio al que una bruja acompaña el descanso.
El comienzo del recorrido es una maravilla. Caminamos por una estrecha senda entre abetos, prácticamente llana y muy poco transitada. Las tres disfrutamos mucho de ese primer tramo.
Más adelante, sin embargo, el sendero enlaza con el camino principal que sube desde el pueblo. A partir de ahí cambia completamente el ambiente: la pista es mucho más ancha, circulan bicicletas e incluso algún coche autorizado. Además, el desnivel aumenta considerablemente, apenas hay sombra y tenemos que llevar a Hiru atada durante todo el recorrido.
Al llegar a la parte superior nos unimos a la multitud que ha subido por las escaleras o por la vía ferrata. Aquello parece un auténtico hormiguero. Los senderos discurren paralelos al río y permiten contemplar las primeras caídas de agua antes de que el torrente se precipite por la espectacular Stuibenfall, con sus 159 metros, la cascada más alta del Tirol.
La excursión acaba siendo bastante más larga de lo que esperábamos. Nos habían hablado de poco más de dos horas para subir, pero a nosotras nos lleva bastante más tiempo... y todavía queda la vuelta. Como no habíamos llevado nada para comer, las tripas empiezan a protestar y decidimos regresar por el mismo camino.
La bajada se hace pesada. Las pendientes son realmente pronunciadas, yo estreno unas zapatillas que me aprietan demasiado en la puntera y Gemma sigue con molestias en el tobillo. Al final, el cansancio empieza a pasar factura. Finalmente alcanzamos el Museo de Ötzi Village, en Umhausen, donde comienza la ruta, y desde allí en apenas diez minutos estamos de nuevo en el camping.
Comemos como reinas y descansamos un buen rato para recuperar fuerzas. Para ser el primer día de senderismo del viaje, la ruta ha sido una buena puesta a prueba.
Después de descansar, escribir un rato el blog y darnos una ducha, salimos a dar una vuelta por el pueblo. Y tenemos muchísima suerte. Nos encontramos con una celebración local en la que decenas de vecinos desfilan vestidos con los trajes tradicionales tiroleses, acompañados de música popular. Todo un regalo inesperado.
La comitiva termina en la plaza de la iglesia, donde comienzan a leer unos textos en alemán que, por supuesto, no entendemos. Aun así, el entusiasmo con el que responde la gente deja claro que se trata de un acto importante para ellos. Al cabo de un rato, y viendo que Hiru no deja de ladrar reclamando la hora de cenar, decidimos marcharnos.
Antes de volver al camping nos entretenemos admirando las preciosas casas austriacas. Son enormes construcciones de madera, decoradas con balcones repletos de flores y cuidadísimas, que recuerdan a grandes caseríos repartidos por todo el pueblo. Incluso las cuadras conservan el mismo estilo arquitectónico y casi parecen viviendas.
De vuelta en el camping nos preparamos una estupenda cena y nos vamos a dormir rendidas. Hoy sí que hemos ganado el descanso.
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