Después de varias semanas recorriendo Centroeuropa, volvemos a casa cansadas, pero con el cuerpo y el alma llenos. Ha sido uno de esos viajes que dejan huella. No solo por los paisajes recorridos o por todo lo aprendido, sino por la forma en que nos ha encontrado. El reciente fallecimiento de Luis Miguel, mi maestro, mentor y amigo, hizo que iniciáramos este viaje con el corazón en un lugar muy distinto al habitual. Nos fuimos con una sensación de pérdida difícil de explicar, conscientes de lo frágil que puede llegar a ser la vida y de lo efímero que resulta todo. Quizá por eso hemos viajado de otra manera. Con menos prisa. Con más calma. Con más silencio. Deteniéndonos más en los pequeños detalles y disfrutando cada momento con una serenidad que no recordábamos haber sentido en otros viajes. Y, de alguna forma, no hemos estado solas. Hemos tenido la inmensa suerte de que Carmen, su compañera de vida, realizara este viaje con nosotras... al menos en espíritu. Nuestra profunda amistad h...