Después de varias semanas recorriendo Centroeuropa, volvemos a casa cansadas, pero con el cuerpo y el alma llenos. Ha sido uno de esos viajes que dejan huella. No solo por los paisajes recorridos o por todo lo aprendido, sino por la forma en que nos ha encontrado. El reciente fallecimiento de Luis Miguel, mi maestro, mentor y amigo, hizo que iniciáramos este viaje con el corazón en un lugar muy distinto al habitual. Nos fuimos con una sensación de pérdida difícil de explicar, conscientes de lo frágil que puede llegar a ser la vida y de lo efímero que resulta todo. Quizá por eso hemos viajado de otra manera. Con menos prisa. Con más calma. Con más silencio. Deteniéndonos más en los pequeños detalles y disfrutando cada momento con una serenidad que no recordábamos haber sentido en otros viajes. Y, de alguna forma, no hemos estado solas. Hemos tenido la inmensa suerte de que Carmen, su compañera de vida, realizara este viaje con nosotras... al menos en espíritu. Nuestra profunda amistad h...
No ha parado de llover en toda la noche y, curiosamente, ha sido de lo más agradable. Escuchar la lluvia golpear el techo de la camper mientras permanecíamos acurrucadas bajo la manta que tuvimos que comprarnos en Austria ha sido uno de esos pequeños placeres que solo se disfrutan viajando. Al despertar, el tiempo nos da una tregua. El Chapi nos ha preparado una ruta tranquila por el bosque que pasa por dos bonitas cascadas: un plan perfecto para un día fresco de verano. La temperatura es una auténtica maravilla y desde los primeros pasos tenemos la sensación de estar caminando por uno de esos lugares en los que podríamos pasar días enteros. Definitivamente, el Macizo Central entra en nuestra lista de destinos para futuros viajes. Nos ha sorprendido muchísimo. Es una región de origen volcánico que ocupa buena parte del centro de Francia y, aunque suele quedar eclipsada por los Alpes o los Pirineos, esconde paisajes espectaculares, bosques centenarios, ríos, cascadas y una tran...