Hoy toca jornada de tránsito, aunque no demasiado larga. Hemos preparado varias paradas para aprovechar el camino y convertir el traslado en un día de visitas. Antes de ponernos en marcha volvemos al castillo donde estuvimos ayer para hacer un pequeño trekking con Hiru. El lugar nos gustó mucho y sabíamos que durante el resto del día no habría oportunidad de caminar por la naturaleza.
Damos un agradable paseo de aproximadamente una hora siguiendo la orilla del río. El entorno es precioso y, para nuestra sorpresa, llegamos a ver una pareja de cigüeñas pescando y bebiendo en el agua.
Nuestra siguiente parada es el Museo de la Villa de Liptov (Múzeum liptovskej dediny), en Pribylina, que ayer encontramos ya cerrado. Hoy hace un calor sofocante y eso nos impide disfrutar del museo como se merece, porque el recinto es enorme y prácticamente todo el recorrido se realiza al aire libre.
La historia del museo resulta fascinante. En la década de 1970 se construyó el embalse de Liptovská Mara, el mayor de Eslovaquia por volumen de agua. Su creación obligó a inundar varios pueblos del valle del río Váh. Antes de que desaparecieran bajo las aguas, se desmontaron cuidadosamente algunos de sus edificios más representativos y se trasladaron pieza a pieza hasta este museo al aire libre.
Lo verdaderamente sorprendente no son solo las pequeñas casas de madera, sino que también trasladaron una enorme iglesia gótica, una casa señorial, una estación de tren e incluso distintos edificios agrícolas. El trabajo que debió de suponer mover semejantes construcciones resulta difícil de imaginar.
Hasta animalicos tienen, aunque no me encantan las condiciones, pero tal vez sea el calor que hace hoy...
Especialmente espectacular es la casa señorial, perteneciente a una familia noble, donde todavía se conservan muebles originales, vajillas de lujo y una impresionante colección de trofeos de caza, que hoy en día resulta bastante gore...
La gran iglesia es el recinto más espectacular del museo.
Sin duda es una visita muy recomendable, aunque si podéis elegir, mejor evitar un día tan caluroso como el que nos ha tocado hoy.
Continuamos rumbo a Čingov, pero antes hacemos una parada en Kežmarok para visitar una de las iglesias de madera de los Cárpatos, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Encontrarla no resulta tan sencillo como imaginábamos. Se trata de un edificio relativamente discreto, encalado, con ventanas ojivales y un tejado de madera, situado junto a la gran iglesia evangélica de piedra, mucho más llamativa, que prácticamente la eclipsa.
Sin embargo, merece totalmente la pena entrar. Su interior es una auténtica maravilla, con una impresionante estructura de madera, decoración policromada y un magnífico altar barroco. Lástima que no permitan hacer fotografías.
Estas iglesias reciben el nombre de articulares. Fueron construidas a finales del siglo XVII tras las concesiones religiosas otorgadas por el emperador Leopoldo I en la Dieta de Sopron de 1681. Las estrictas condiciones imponían que debían levantarse fuera de las murallas de las ciudades, construirse únicamente con madera (incluidos los clavos) y terminarse en un plazo menor a un año.
Después de Kežmarok paramos a comer junto a un lago. El lugar es precioso, pero el calor resulta realmente asfixiante. Rondamos los 35 °C y cuesta disfrutar del paisaje bajo semejante temperatura.
La última parte del día la dedicamos a visitar dos de los grandes iconos históricos de Eslovaquia: Spišská Kapitula y el Castillo de Spiš, ambos integrados en el conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Primero hacemos una breve parada en la iglesia que corona la colina antes de llegar a Spišská Kapitula.
Después recorremos este pequeño núcleo eclesiástico, conocido como el "Vaticano eslovaco", donde lamentablemente ya no es posible visitar el interior de su magnífica catedral gótica.
Finalmente llegamos al Castillo de Spiš.
Lo más espectacular es, sin duda, su ubicación. Se alza sobre una enorme roca caliza que domina una inmensa meseta, con los Altos Tatras recortándose en el horizonte. La fortaleza parece surgir directamente de la montaña y resulta impresionante desde mucho antes de llegar.
El acceso se realiza en parte en coche y en parte caminando cuesta arriba, un esfuerzo que hoy se hace especialmente duro por las altísimas temperaturas.
El castillo sufrió un gran incendio en 1780 y desde entonces gran parte permanece en ruinas, aunque continúan restaurando diferentes sectores. El exterior es sencillamente imponente. En el interior hay menos estancias visitables de las que esperábamos; destaca especialmente la cocina medieval, completamente reconstruida y amueblada.
Aun así, merece la pena subir los numerosos y estrechos escalones de la torre principal, porque la recompensa son unas vistas absolutamente espectaculares sobre toda la región.
Desde el castillo regresamos finalmente a Čingov, donde tenemos reservado el camping. Llegamos con tiempo suficiente para descansar un rato, escribir el diario del viaje y preparar una buena cena antes de acostarnos.
Mañana nos espera uno de los grandes objetivos del viaje: el exigente trekking por el Parque Nacional Slovenský raj.



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