Hoy buscamos una ruta para hacer senderismo por los Bajos Tatras, pero la IA nos ha engañado un poco...
Lo que en principio parecían rutas bastante adaptadas a nuestras necesidades resulta que son senderos con unos 800 metros de desnivel y más de seis horas de caminata.
Así que va a ser que no.
Nosotras buscamos algo mucho más sencillo: un sendero entre río y bosque, que es lo que nos gusta a las tres, y finalmente encontramos uno muy cerca del camping. Es corto, pero siempre podemos alargarlo si nos apetece.
Así que, después de tomarnos la mañana con calma y pegarnos un buen desayuno, nos vamos a recorrerlo.
Y la verdad es que el paseo es muy agradable.
El sendero discurre entre bosque y río y, además, hay poca gente, así que Hiru puede ir suelta buena parte del camino y disfrutar también a su manera. Vamos tranquilamente, sin ningún objetivo especial, disfrutando simplemente del bosque, del agua y de la calma.
El camino termina llevándonos hasta la entrada de la Cueva de la Libertad (Demänovská jaskyňa slobody).
Vemos que las visitas tienen horarios establecidos y, como era de esperar, no se puede entrar con perros, así que nos organizamos para regresar por la tarde y hacer la visita de las 16:00.
Volvemos al camping, comemos pronto y aprovechamos para echarnos una pequeña siesta antes de poner de nuevo rumbo a la cueva.
Hiru se queda descansando tranquilamente en la furgo.
La verdad es que en este viaje se está portando de maravilla. Se nota que se va haciendo mayor y que conoce perfectamente los tiempos: cuándo toca paseo, cuándo toca carretera y cuándo simplemente hay que quedarse descansando mientras nosotras hacemos alguna visita.
Cueva de la Libertad
Llegamos a la Cueva de la Libertad con bastante curiosidad, aunque quizá sin demasiadas expectativas.
El año pasado visitamos algunas de las espectaculares cuevas de Eslovenia y pensábamos que, después de aquello, iba a ser difícil que otra cueva nos impresionara demasiado.
Pues...
Wau.
Nos equivocábamos.
¡Es una auténtica pasada!
La Cueva de la Libertad forma parte del enorme sistema de cuevas de Demänovská, desarrollado bajo las montañas de los Bajos Tatras. Es un gigantesco entramado kárstico de galerías, salas, lagos y ríos subterráneos formado durante miles de años por la acción del agua sobre la roca caliza.
La visita que hacemos dura aproximadamente una hora y recorre algo más de un kilómetro de galerías, con nada menos que 913 escalones.
La única pena es que la explicación de la guía es únicamente en eslovaco y a nosotras nos entregan una cuartilla en inglés con información bastante resumida.
Está claro que buena parte del turismo que encontramos por aquí es eslovaco y de los países vecinos, especialmente polaco. En comparación con otros destinos europeos que hemos visitado, encontramos bastante menos información en inglés.
Del español, mejor ni hablamos.
Pero tampoco importa demasiado.
El lugar es tan espectacular que se disfruta perfectamente aunque no entiendas todas las explicaciones.
Además, el chico que va cerrando el grupo decide espontáneamente ejercer de guía improvisado y nos va traduciendo al inglés algunas de las curiosidades que explica la guía.
Así que ni tan mal...
Una de las cosas más interesantes es ver cómo el agua ha ido creando diferentes niveles de galerías a medida que el río subterráneo excavaba progresivamente la roca y encontraba cotas más bajas por las que circular.
Las galerías superiores corresponden a fases más antiguas del desarrollo de la cueva, mientras que en las zonas inferiores seguimos encontrando al río Demänovka, responsable de buena parte de este espectacular paisaje subterráneo.
Descendemos por las escaleras hasta llegar prácticamente a la altura del río.
Y aquí aparece una de las cosas que más nos llaman la atención.
El agua ha modelado la roca formando canales, curvas y superficies suavemente erosionadas que crean unos efectos preciosos. Es una morfología diferente de la que recordamos de las cuevas eslovenas y nos quedamos bastante fascinadas observándola.
Después atravesamos pasadizos estrechísimos en los que parece que las estalactitas y estalagmitas te rodean por todas partes.
Hay momentos en los que casi no sabes dónde mirar.
Formaciones colgando del techo, otras creciendo desde el suelo, columnas, paredes cubiertas de depósitos minerales y unos colores ocres, rojizos y amarillentos increíblemente intensos.
Un espectáculo!!
Y todo ello creado a una velocidad desesperadamente lenta desde nuestra perspectiva humana.
No existe una velocidad universal de crecimiento de las estalactitas: depende muchísimo de la disponibilidad de agua, la temperatura, la concentración de carbonato cálcico y otras condiciones ambientales. En muchas cuevas hablamos de procesos que requieren siglos o incluso milenios para producir unos pocos centímetros.
Vamos, que aquí las prisas no existen.
También nos explican que buena parte de la espectacular gama de colores que vemos se debe a minerales e impurezas incorporados a la calcita durante su formación.
Los tonos rojizos, anaranjados y ocres suelen estar relacionados con óxidos de hierro, mientras que otros colores pueden deberse a diferentes minerales, materia orgánica y otros compuestos presentes en el agua.
Y así, entre ríos subterráneos, escaleras, pasadizos y formaciones imposibles, se nos pasa volando la hora de visita.
Cuando salimos estamos encantadas.
Pensábamos que después de las cuevas eslovenas iba a ser difícil sorprendernos y, sin embargo, la Cueva de la Libertad tiene muy poco que envidiarles.
Ha merecido muchísimo la pena.
A la salida nos quedamos charlando un rato con una familia israelí que está recorriendo Eslovaquia. La hija es especialmente habladora y encantadora y nos cuenta que es una viajera nata, que ya se ha recorrido un montón de países de Asia y que ahora está empezando a descubrir Europa.
Nos encanta la multiculturalidad y encontrarnos con gente así por el camino.
Ya satisfechas con el día, recogemos a Hiru y todavía nos damos otro pequeño paseo junto al río para que ella también tenga su dosis de naturaleza.
Después regresamos al camping y nos encontramos a los responsables de que el césped esté perfectamente cortado :-).
Nos queda simplemente descansar, disfrutar de la tranquilidad del lugar y contemplar un precioso atardecer sobre los Bajos Tatras.
Otro estupendo día de viaje.

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