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27 de julio 2026. Bratislava, Llegamos a ESLOVAQUIA!!

Disfrutamos de las vistas nada más despertar y, después de desayunar, nos vamos a dar un entretenido paseo por el bosque que tenemos al lado.

Es un paseo precioso entre un denso bosque de abetos, hayas y arces. Nos encantan los bosques; son, con diferencia, el paisaje que más nos llena. Un buen paseo entre grandes árboles te levanta el ánimo y te carga de energía.






El suelo está cubierto por un enorme manto de hojas que, en las laderas más empinadas, hace que el ascenso resulte a veces bastante complicado. Sobre todo si, como nosotras, te sales del camino para hacer un poco el ganso...





Hiru también disfruta de lo lindo, corriendo y escarbando entre las hojas. Creo que los bosques son también su ambiente favorito.




Después de este revitalizante paseo, nos ponemos en marcha porque hoy toca otra pequeña tanda de kilómetros: dejamos Austria, cruzamos la frontera con Eslovaquia y ponemos rumbo a Bratislava.

En un primer momento nos planteamos parar en Viena, pero se nos va a hacer tarde y es una ciudad que no se puede ver en un rato, así que desestimamos la idea. Viena tendrá que esperar.

Vamos directas a Bratislava.

Nada más cruzar la frontera nos sorprende el cambio en la conducción. Venimos de varios días de una conducción austríaca bastante ordenada y, de repente, nos encontramos con adelantamientos por la derecha, incorporaciones bruscas que nos obligan a frenar y alguna que otra maniobra que consigue que empecemos a conducir con los cinco sentidos puestos en la carretera.

¡Parece que hemos cambiado de país de golpe!

A esto se une que Google Maps, que hasta ahora se había portado razonablemente bien, decide dejar de colaborar y empieza a mandarnos por donde no debemos.

Y comienza el caos...

Nos perdemos un montón de veces y damos bastantes vueltas antes de conseguir enfilar el aparcamiento que hemos localizado cerca del centro de Bratislava. Por fin llegamos... pero resulta que el acceso es bastante complicado y, cómo no, ¡nos lo pasamos de largo!

Otros diez minutos dando vueltas hasta conseguir reconducirnos.

Entonces vemos que a nuestra derecha hay un montón de plazas de aparcamiento y decidimos probar suerte por ese barrio.

¡Oh, sorpresa!

Es una zona muy tranquila donde podemos aparcar por 2 €/hora. Nos cuesta todavía otro ratito aclararnos con el parquímetro en eslovaco, pero finalmente lo conseguimos y dejamos la furgo perfectamente aparcada, a la sombra y a solo unos quince minutos andando del centro.

Objetivo conseguido.

Bratislava

Bratislava es la capital de Eslovaquia y nuestra primera impresión es la de una ciudad pequeña, coqueta, luminosa y muy alegre.

El casco histórico está lleno de turistas —¿dónde no hay turistas en estas fechas?—, pero de nuevo nos gusta ese ambiente multicultural que hemos ido encontrando durante el viaje. También nos llama la atención la cantidad de músicos y artistas que hay por las calles, algo que nos recuerda bastante a Austria.

Como hoy hemos malcomido en el coche, decidimos hacer una parada gastronómica en Soupculture, un pequeño local especializado en sopas que hemos visto muy bien valorado.

Y la idea nos encanta.

Cada día ofrecen distintas sopas que sirven dentro de unos curiosos vasos comestibles recién horneados. Incluso tienen una versión del recipiente sin gluten.

Nosotras cumplimos con el ritual completo: una estupenda sopa de lentejas y otra de queso y, cuando terminamos... nos comemos también el recipiente.

¡Muy bien!





Y para mejorar todavía más el momento, mientras nos tomamos las sopas una mujer toca el arpa en la calle con una delicadeza y una sensibilidad increíbles.



A veces las ciudades te regalan estos pequeños momentos.

Con el estómago ya bastante más contento, seguimos paseando por el casco histórico.

Atravesamos la Puerta de Miguel (Michalská brána), una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad medieval, y continuamos hacia la Plaza Mayor (Hlavné námestie), corazón del casco antiguo.




Este es un pequeño jardín donde la gente se reúne para leer libros y revistas. Se observa un ambiente muy agradable.





Desde allí seguimos callejeando hasta llegar a Hviezdoslavovo námestie, una amplia plaza alargada y arbolada donde se encuentra el histórico edificio del Teatro Nacional Eslovaco (Slovenské národné divadlo).

Nuestro paseo continúa hasta la Catedral de San Martín (Dóm sv. Martina), uno de los edificios históricos más importantes de Bratislava.





Por el camino nos encontramos con una chica que lleva una cámara que imita las antiguas cámaras fotográficas y nos propone hacernos una foto. Después la imprime allí mismo, acompañada de un texto en inglés que habla de algunas de las grandes personalidades que han pasado por la ciudad.

La muchacha es rusa y resulta tan amable y encantadora que terminamos aceptando posar para la foto.

Algo que, por cierto, probablemente no habríamos hecho en otras circunstancias...

Antes de seguir todavía nos queda una misión importante: probar el dulce típico de la ciudad.

Compramos un Bratislavský rožok, un pequeño bollo tradicional en forma de media luna. Elegimos el relleno de semillas de amapola y...

Bueno.

Hay que probar las cosas para poder opinar.

No nos entusiasma especialmente.

Y, por supuesto, en Bratislava nos encontramos de nuevo con uno de los grandes protagonistas de Europa Central: el Danubio.

El río nace en la Selva Negra alemana y recorre casi 2.850 kilómetros antes de desembocar en el mar Negro. Atraviesa o sirve de frontera a diez países y pasa directamente por cuatro capitales nacionales: Viena, Bratislava, Budapest y Belgrado.

En este tramo es plenamente navegable y los cruceros fluviales son una presencia habitual, enlazando algunas de las grandes ciudades de Europa Central. Quizá eso explique también parte del ambiente turístico que encontramos en Bratislava.

Nosotras paseamos un rato por la orilla, aunque tenemos que reconocer que el frente del Danubio a su paso por la ciudad no nos parece especialmente bonito.



Desde allí nos dirigimos a nuestra última visita del día: la Iglesia Azul, oficialmente Iglesia de Santa Isabel (Kostol svätej Alžbety).

Y esta sí que nos sorprende.

Es una preciosa iglesia de principios del siglo XX, de estilo modernista, pintada en tonos azules y blancos y llena de formas redondeadas y detalles decorativos. Parece casi un edificio de cuento o, como decimos nosotras nada más verla, ¡una iglesia hecha de gominolas!

Sus bordes curvos, los colores pastel y ese aspecto casi infantil la convierten en algo completamente diferente de las grandes iglesias monumentales que hemos ido viendo durante estos días.






Y casualmente está muy cerca de donde hemos aparcado.

Así que, encantadas con la coincidencia, regresamos tranquilamente a recoger la furgo. Ahora solo nos queda resolver un pequeño detalle...

Dónde vamos a dormir esta noche.....

En Park4Night hemos visto varios lugares a orillas del Danubio, a unos veinte minutos de Bratislava, bastante apreciados por quienes viajan en camper. Hay comentarios recientes que hablan maravillas del sitio, así que, aunque vamos con cierta prevención, decidimos acercarnos a investigar.

Sabemos que la acampada libre tiene restricciones en Eslovaquia, pero parece que estos lugares son utilizados habitualmente por autocaravanas y furgonetas.

Así que allá vamos.

Después de recorrer una carretera un tanto accidentada, finalmente llegamos al lugar.

Y respiramos tranquilas.

Ya hay allí otras cuatro autocaravanas, caravanas y furgonetas, así que buscamos nuestro rincón y nos acomodamos a orillas del Danubio, dispuestas a pasar una estupenda noche.

Algunos de nuestros vecinos incluso se bañan en el río.

Nosotras, sinceramente, no sentimos la menor tentación. El agua no tiene precisamente ese aspecto turquesa, limpio y cristalino del Plansee...

Pero el lugar tiene otras virtudes.

El atardecer es precioso y, cuando llega la hora de cenar, nos sentamos junto a la furgo contemplando el río mientras algunos barcos navegan lentamente por el Danubio.





Después del bosque austríaco, los kilómetros, el caos para aparcar, las sopas, el arpa, las callejuelas de Bratislava, las gominolas convertidas en iglesia y unas cuantas vueltas de más, terminamos el día aquí, tranquilamente instaladas junto a uno de los grandes ríos de Europa.

Bonito día y bonita noche.

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