Después de dos días de auténtica paliza al volante, hoy hemos decidido tomárnoslo con calma. Nos levantamos sin prisas, desayunamos tranquilamente y ponemos rumbo al centro de Innsbruck.
Ayer descubrimos que desde el aparcamiento se podía bajar a la ciudad por unas escaleras metálicas que acortaban bastante el camino, así que repetimos la jugada. En poco más de veinte minutos estamos paseando por el centro.
Innsbruck es una ciudad preciosa, situada en pleno corazón de los Alpes. Capital del Tirol austríaco, está atravesada por el río Inn, al que debe su nombre. Su casco histórico es coqueto, está muy bien cuidado y resulta una delicia recorrerlo sin un rumbo fijo.
Después buscamos una terraza agradable para probar la gastronomía tirolesa. Pedimos unos Spinatknödel, unas bolas de pan con espinacas que poco tienen que ver con los dumplings polacos que yo conocía, y un plato de carne al estilo tirolés que, básicamente, consistía en dados de ternera acompañados de patatas fritas. En resumen, la cocina tirolesa no nos conquistó precisamente por su exquisitez.
Lo que sí fue un acierto fue el helado de café con el que rematamos la comida: sencillamente delicioso.
Además, el día acompaña. La temperatura es perfecta para caminar y disfrutar de la ciudad. Gemma encuentra mapas de Austria y Eslovaquia, lo que la hace inmensamente feliz, y termina comprándose unas divertidas gafas de sol con forma de corazón como recuerdo de Innsbruck.
Por la tarde ponemos rumbo al valle de Ötztal, situado a menos de una hora de Innsbruck. De camino hacemos una parada en el lago Piburger See, conocido por ser uno de los lagos de montaña más cálidos de los Alpes. Dicen que el agua alcanza los 25 °C en verano. No nos pareció que estuviera tan caliente, aunque, desde luego, tampoco resultaba fría.
Recorremos todo su perímetro en un paseo muy agradable entre el bosque y la orilla. Aunque el lugar invita al baño, decidimos no meternos. La mayor parte de la gente se concentra junto al bar del lago, que cuenta con una amplia terraza y una zona muy cómoda para acceder al agua.
Después continuamos hasta Ötz para hacer unas compras en el Spar y aprovisionarnos para los próximos días. Desde allí nos dirigimos al camping, donde debemos llegar antes de las siete de la tarde.
El camping resulta ser pequeño, tranquilo y muy bien organizado. Aprovechamos sus excelentes instalaciones para dejar la camper impecable y darnos una buena ducha después de la caminata.
Cenamos tranquilamente y nos vamos pronto a dormir. Después de dos días prácticamente enteros al volante, hoy hemos vuelto a caminar de verdad... y las piernas lo han notado.
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